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Cuando el Suelo se Mueve: Primeros Auxilios

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Psicológicos para la Ansiedad Colectiva

Psicólogo: George Taborda (Venezuela resiliente, primera entrega)



Hay momentos en la historia de un país en los que la realidad nos golpea con una

fuerza tan devastadora que, en un par de minutos, desmiente nuestra sensación de

seguridad más básica. El reciente terremoto que ha sacudido a nuestra amada

Venezuela ha dejado una estela de dolor indescriptible: hogares reducidos a

escombros, calles agrietadas y, lo más doloroso, la pérdida irreparable de familiares,

amigos y vecinos. Hoy, el impacto no es solo físico; hay una réplica invisible que ocurre

en el sistema nervioso de miles de sobrevivientes.



El miedo paralizante, los ataques de pánico, la opresión en el pecho y el temor

constante a que el suelo vuelva a moverse no son signos de debilidad ni de locura.

Como psicólogo clínico, es mi deber recordarles algo fundamental en este momento de

crisis: experimentar un miedo abrumador ante una tragedia de esta magnitud es una

respuesta completamente normal ante una situación totalmente anormal.



Para empezar a sanar, el primer paso es desarmar la culpa por lo que sentimos.

Cuando presenciamos un desastre natural, nuestro cerebro activa de forma automática

e inmediata el sistema nervioso simpático, liberando una descarga masiva de

adrenalina y cortisol (Sapolsky, 2004). Esta es la respuesta evolutiva de supervivencia

ante el peligro. El problema es que, días después del evento, el cuerpo de los

sobrevivientes permanece atrapado en ese estado de hipervigilancia extrema; el más

mínimo ruido, un portazo o el paso de un camión pesado dispara de nuevo la alarma

interna, haciéndoles creer que la catástrofe se está repitiendo. El cerebro está

intentando protegernos, pero en ese estado de shock, se olvida de cómo regresar a la

calma.



Cuando la ansiedad comunitaria se dispara y el pánico colectivo amenaza con desbordarnos, la psicología de emergencias nos enseña que no podemos razonar con

un cerebro que se siente bajo ataque inminente. No sirve de nada decirnos «cálmate».

Lo que necesitamos es aplicar Primeros Auxilios Psicológicos de forma mecánica,

enviando al sistema nervioso señales biológicas directas de que, en este preciso

segundo, estamos a salvo (Everly & Lating, 2017).



Si usted se encuentra en un refugio, en la calle o acompañando a un ser querido en

medio de una crisis de angustia, existen dos herramientas clínicas de estabilización

que puede aplicar de inmediato sin necesidad de ningún recurso material: en primer

lugar, se debe implementar la técnica de enraizamiento o Grounding a través del canal

sensorial. Cuando la mente se descontrole al revivir el trauma del sismo, obligue a sus

ojos y a sus sentidos a anclarse en el presente absoluto: nombre en voz alta cinco

cosas que pueda ver a su alrededor (una silla, el cielo, una piedra), cuatro cosas que

pueda tocar físicamente, tres sonidos que pueda identificar en el entorno, dos olores

presentes y una sensación interna.



Este ejercicio redirige el flujo sanguíneo desde las zonas del pánico hacia la corteza

cerebral, arrancando a la persona del bucle del recuerdo y regresándola a la seguridad

del aquí y el ahora. En segundo lugar, es vital utilizar el suspiro cíclico para activar el

freno biológico del cuerpo: inhale profundamente por la nariz, haga una segunda

inhalación corta e inmediata para expandir al máximo los pulmones, y luego exhale el

aire por la boca de manera muy lenta y soplada. Repetir este ciclo de respiración tres o

cuatro veces estimula directamente el nervio vago, lo que hace que el ritmo cardíaco

disminuya y detiene el ataque de pánico en menos de dos minutos.



La reconstrucción de nuestra patria no comenzará únicamente levantando ladrillos o

limpiando escombros; comenzará sanando, paso a paso, los corazones de quienes

sobrevivieron. Sentir miedo es el testimonio de nuestra vulnerabilidad humana, pero

aprender a calmar el sistema nervioso en comunidad es el primer eslabón de nuestra

resiliencia. No estamos solos en este dolor. Al aplicar estas pequeñas herramientas en

los momentos de mayor baja emocional, le devolvemos a nuestra mente el control perdido, recordando que la tierra puede temblar, pero la solidaridad y la fuerza de nuestra gente permanecen inquebrantables.



�� Resumen para el lector

● Una respuesta natural: El miedo extremo y la hipervigilancia tras el terremoto

son reacciones biológicas normales del sistema nervioso simpático, que buscan

protegernos del peligro (Sapolsky, 2004).

● Anclarse al presente: Cuando la ansiedad o el recuerdo del sismo lo desconecte

de la realidad, use la técnica del enraizamiento (5-4-3-2-1) para enfocar sus

sentidos en el entorno actual y recuperar el control.

● El freno del pánico: Realizar una doble inhalación profunda, seguida de una

exhalación muy larga y lenta, activa el nervio vago y detiene mecánicamente la

respuesta de angustia en el cuerpo (Everly & Lating, 2017).



�� Citas Bibliográficas

● Everly, G. S., & Lating, J. M. (2017). The Johns Hopkins Guide to Psychological

First Aid. Johns Hopkins University Press. (Protocolos clínicos de intervención

inmediata y estabilización emocional en poblaciones afectadas por desastres y

catástrofes naturales).

● Sapolsky, R. M. (2004). Why Zebras Don’t Get Ulcers. Henry Holt and Company.

(Fundamentos sobre la activación del sistema de alerta biológico ante amenazas

del entorno).



Entrega 2: abordaremos directamente el duelo por la pérdida de seres queridos y del

hogar.



El Pepazo



Fuente original: Diario Digital El Pepazo https://elpepazo.com



https://elpepazo.com/cuando-el-suelo-se-mueve-primeros-auxilios/?fsp_sid=29339

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