Inicio Blog Página 159

Gruber y Fadul sembraron la crónica social en Barinas

0

Dimas J. Medina

Neuquén

Hoy jueves 22 de mayo se cumplen 60 años de haber sido creada la primera columna periodística en la historia moderna del periodismo impreso barinés.

Se llamaba «Café Society», creada por sugerencia del hoy fallecido periodista Manuel Darío Gruber, por el también fallecido abogado y periodista Trino Fadul Hernández. 

Nacido en Libertad de Barinas el 13 de noviembre de 1930 y fallecido en el año 2004, Fadul Hernández fue el último de los 8 hijos que procrearon Juan Fadul Corvan, inmigrante libanés y doña Celsa Hernández Villafañe

Hermano del célebre poeta Luis Fadul Hernández y tío de muchos reconocidos barineses como Irma Fadul; los militares Adolfo y Gonzalo Fadul Aragón; el también poeta Luis «Coco» Fadul y los cantantes José Manel «Manolo» Aldana y Ana Cecilia Fadul, Trino Teodoro Fadul Hernández egresó en la década de los 50 de la Universidad Central de Venezuela como abogado.

Y desde que escribió su primera crónica «Café Society», Fadul Hernández se erigió como el auténtico y único profesional en esta importante fuente del periodismo barinés.

Tan así, que su amigo del alma, el reciente desaparecido profesor Hugo Pérez Trujillo calificó al doctor Trino Fadul Hernández como el maestro en ese difícil arte de reseñar fiestas y eventos sociales en Barinas.

«Café Society» salió por primera vez, el 22 de mayo de 1965, en el recordado semanario «Avance» del también recordado periodista barinés Rafael «Guate» Guedez.

Según Trino Fadul, aquella primera columna fue escrita de manera casual, ya que la primera dama de Barinas para la época, doña Laura Cols de Henríquez, ofreció una lujosa recepción en su residencia para festejar su cumpleaños, pero como el cronista social Pedro J. Díaz del diario El Nacional de Caracas no pudo asistir a la fiesta, la anfitriona le pidió que le reseñara aquel acontecimiento social en el semanario «Avance».

Tras desaparecer «El Avance», Fadul Hernández paseó su famoso «Café Society» por la mayoría de los diarios de Barinas, entre ellos, «El Espacio», «La Prensa» y «De Frente».

Desde entonces, Trino Fadul Hernández se convirtió en el pionero de este género periodístico, que 60 después, ningún periodista de Barinas se ha entregado a esta exigente fuente, como lo hizo este recordado y también polémico personaje del quehacer cultural moderno de nuestra región.

Aunque algunos intentaron hacer crónicas sociales en Barinas, nadie supo ponerle el toque de exquisitez y personalidad, como el propio Fadul Hernández se jactaba en colocarle al trabajo que realizaba con mucha creatividad.

Hasta su propio amigo, el profesor Hugo Pérez Trujillo, quien intentó incursionar en la crónica social, reconoció a Fadul Hernández como el único cronista que le imprimía, a cada párrafo o a cada entrega periodística, la sobriedad y la elegancia que solo su amigo sabía hacer en «Café Society».

Por eso, Pérez Trujillo consideró que los periodistas de ahora no tienen motivaciones para las crónicas sociales, porque precisamente no todos los periodistas manejan un lenguaje apropiado para esta exigente y glamurosa fuente periodística.

«El periodista debe manejar un exquisito lenguaje que le permita describir la ocasión o la fiesta, como el traje de la novia o del anfitrión del ágape; es decir, tiene que manejar un vocabulario apropiado para la ocasión y eso, lo hacía a la perfección, mi estimado amigo Trino Fadul Hernández», confesó Pérez Trujillo.

Quizás por esa razón, Trino Fadul Hernández confesó meses antes de fallecer, que moriría como el auténtico cronista social de nuestra Ciudad Marquesa.

Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestras redes sociales, síguenos en Instagram, Twitter y Facebook como @DiarioElPepazo
El Pepazo

ASTOLFO ROMERO, SU APORTE GAITERO

0

León Magno Montiel

La primera vez que vi a Astolfo Romero estaba bajándose de su auto, un Renault 12 de un color amarillo jaldado. Descendió de su carrito francés en el barrio 18 de octubre donde vivió muchos años,  cuna de importantes gaiteros, sector  que irónicamente fundaron en 1946 para rememorar el golpe contra el General  Isaías Medina  Angarita.  

El hombre que vi esa mañana  tenía la tez clara, era bajo de estatura, con abundante cabello castaño, bigote y lentes bifocales, se desplazaba muy jovial por la acera de la escuela “Monseñor Granadillo”. Lo miraba casi con idolatría al igual que mis compañeros del grupo  gaitero de la Cruz Roja del Zulia que me acompañaban, era para nosotros un astro de la galaxia musical criolla, el líder carismático del género pascuero. 

Para ese noviembre de 1975, él  sólo tenía 25 años de edad y ya militaba en sus queridos Cardenales del Éxito, su divisa hogar, su marca y blasón, su  maternal  morada en la gaita.

Astolfo Romero nació el 8 de febrero del año 1950, año cósmico del tigre, signo que lo marcó como un ser apasionado, con dotes de líder y de innovador, artista envarado.

Tributó su homenaje a la calle Jugo del barrio El Empedrao donde nació y vivió su niñez, siendo el  primogénito de Rafael Romero y Cira Elena Chacín. Luego se trasladó a casa de su abuela  Mamá Carmen y su tía Laudelina, en  la calle Soledad, ubicada entre la Bomba Múnich y  los Cepillaos de Jesús Ríos. En esa casa  aprendió a colaborar con el negocio familiar de  venta de empanadas y mandocas, en las madrugadas solía acompañar a su tía a comprar el maíz en la molienda de don José, situada entre las calles Colón y Soledad. Ese ritual lo retrató en su tema “La Molienda” grabado por Maragaita en la voz de Luis Germán Briceño (2000).

Su vivencia de adolescente en esa casa de la familia Romero la plasmó en su  gaita del año 1989, que cantó  con Cardenales del Éxito, “En la calle Soledad”:

“Seis raya cuarenta y dos
el número de la casa
que al abrir la puerta pasa
de primero papá-Dios.
Ese era el lema sincero
de aquellas trabajadoras
las dos viejas forjadoras
de la familia Romero”

Desde niño Astolfo Romero sintió admiración por los bomberos que veía  desayunar en el negocio casero de su abuela, llegaban al amanecer  con sus uniformes azules de ribetes rojos y dorados a comer empanadas con el “cuáquer tempranero”.  La fascinación que sentía por los uniformes y su aura castrense, lo llevó a trasladarse a Mérida para hacerse bombero profesional. En esa capital andina estuvo actuando con varios grupos de gaitas.

Regresó a Maracaibo a finales del decenio de los 60 y se integró a las filas del Conjunto Santanita, con ellos pega en las emisoras zulianas  “La otra tamborilera”. En el Conjunto Santanita compartió escenarios con los estelares Cheo Beceira, Danelo Badell y  Gladys Vera.

Pasó a las filas de Cardenales del Éxito en la década de los 70, donde permaneció hasta el año 1979, logrando pegar  en la radio venezolana  sus temas: “Guarapachando”, “El Fogón”, “Gabinete del Diablo”, “El Vapor”, “Chucurruley”, “Bahía de Cata”. Realizó composiciones para otros solistas que recibieron el máximo galardón de la época, el Festival Nacional de Gaitas “Virgilio Carruyo”: “Mi Orgullo” que interpretó Gladys Vera con Santanita (1975) y “Sabor Añejo” que cantó Ricardo Cepeda con Cardenales del Éxito (1976).

En el año 1980 Astolfo transitaba sus  30 años de vida, la edad que tenía Ricardo Aguirre al momento de morir en 1969, ese año pasó a La Universidad de la Gaita, acción tomada en solidaridad con sus compañeros de Cardenales del Éxito, que rechazaban la forma de dirigir de Pedro Suárez. Con La Universidad de la Gaita graba los éxitos “Mi Cacharro y yo”, “El Marciano”,  “Dos Fronteras”,  una de las últimas composiciones del poeta  Luis Ferrer (1981).

En 1983 toma el timón de Gaiteros de Pillopo y les da un nombre nacional. Al lado de Daniel Méndez, Argenis Carruyo y Danelo Badell colocan gaitas en los primeros pupitres de la popularidad: “La piñata”, “La Taguara de Bartolo”, “El Barbero”, “El Mercado de los Buchones”, “Morrocoy”.  Obtuvo  el primer lugar del Festival “Una Gaita para el Zulia” de Industrias Pampero en 1984, dirigido por Miguel Delgado Estévez. Se hizo de un gran prestigio nacional y una sólida imagen de director de agrupación bien intuido, exitoso, con la doble valía de ser cantautor.

Su compadre Urribarrí lo nombró director de Cardenales del Éxito en 1986, cuando compró esa marca musical a Pedro Suárez quien padecía de serios quebrantos de salud, y reagrupa a los solistas estelares de  la década de los 70, los mismos que le dieron renombre nacional a la agrupación fundada por “El Monumental” Aguirre.  Allí compone los  temas “El Burro”, “Entre Palos y Alegrías”, “La Gallera”, “Diciembre”, “La Florecita”, “La Cardenalera”, en este último tema, su verbo encarnado plasma  su amor por la divisa cardenal:

“Muchos fueron los autores
propulsores del folclor
de calidad superior
porque fueron los mejores
mil gracias a esos señores
que ayudaron cada año
a escalar cada peldaño
de veinticinco primores.
La Cardenalera es
la que nos hacía falta
porque se siente la gaita
como la de otrora fue.
Época feliz también
que albergó en los corazones
las más gratas emociones
que evocar nos da placer”

Al comienzo de la década de los 90, Astolfo se plantea la necesidad de crear su propia agrupación y sale de los Cardenales en 1991 luego de grabar “Puro Corazón”. En el año 1992 crea La Parranda Gaitera, con sus compañeros Daniel Méndez, Pedro “Cantaclaro” Villalobos, Rafael Sánchez, Miguel Parra, Nano Silva, Humberto Bracho y logran impactar en el ambiente gaitero con impresionante sonido que amalgama la gaita tradicional con armonías de vanguardia.  Se consolidan con  las gaitas: 
“Cosa tan buena”, “Aplausos”, “El Bodegón”, “Viajando por Venezuela” y realizan una producción antológica en homenaje al folclor gaitero, donde graban los temas que Astolfo consideraba los más trascendentes en la historia del género.

Después de la grata experiencia con La Parranda Gaitera, recorrió las filas de Maragaita (donde se destacó como director musical), Los Colosales de Ricardo Cepeda, Koquimba y el Gran Coquivacoa, agrupación de la que fue coprotagonista con Neguito Borjas,  pegando el tema “Alegrando corazones” en todo el país.

En paralelo a su actividad como solista compositor, Astolfo fue animador exitoso en radio, actor en NCTV, canal fundado en 1987 por Monseñor Ocando Yamarte.  Allí realizó el programa humorístico  “A la Jaiba” junto a Simón García, Carlos Sánchez y Ricardo Portillo, que gozó de alto rating.

Astolfo siempre tuvo una actitud creativa intensa, con reposos que solía tomar en Isla de Toas, frente al lago que su padre Rafael “El Marino” lo enseñó a amar.  En una entrevista en Radio Calendario 1020, él me contó  que solía leer poemas y su autor preferido era Walt Whitman y su poema “Canto a mí mismo”, que sirve de epígrafe de esta crónica.

Con apenas 50 años de edad, Astolfo murió víctima de un síncope cardíaco el 20 de mayo de año 2000. Su despedida fue una multitudinaria manifestación de cariño del colectivo zuliano. Será recordado su cortejo fúnebre como uno de los más concurridos.  Sus restos reposan en el viejo cementerio Corazón de Jesús, con su  emblemático dintel lacerado,  mostrando la palabra latina “Pax” en lo alto.

Sus gaitas están vigentes en las escuelas, en las barriadas, en las calles de Veritas, en las radas de Toas. Su estirpe de líder en la gaita tiene el reconocimiento nacional, y su espíritu de bardo ahora habita en todas partes.

A  75 años de su llegada a este mundo, y a 25 años de su pronta partida, recordemos a “El Parroquiano”, sembremos su canto en nuestra memoria, esa es la única manera de mantener vivo su talento, su magia de creador zuliano. 
Cada 8 de febrero Astolfo celebrará su nacimiento unido al del genio de Nantes: Julio Verne, dos emblemáticos acuarianos. Cada 20 de mayo lo sembraremos.

Que repiquen las campanas por 
El Parroquiano redivivo en este tiempo de amor y  cambios en su ciudad catedralicia. 
Su obra es  fuente sonora que no cesa.


@leonmagnom

Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestras redes sociales, síguenos en Instagram, Twitter y Facebook como @DiarioElPepazo
El Pepazo

Hace 46 años Tatiana Capote fue por Barinas al Miss Venezuela que ganó Maritza Sayalero

0

Dimas J. Medina

Neuquén

El día cuando Maritza Sayalero fue coronada Miss Venezuela, una despampanante y esbelta cubana representó a Barinas en el aquel recordado concurso de belleza.

Ocurrió la noche del jueves 17 de mayo de 1979, cuando para entonces Luis Herrera Campins apenas comenzaba a gobernar como presidente de todos los venezolanos.

Para la época, el doctor Napoleón Paredes era gobernador del estado Barinas y el célebre “Muñeca Vieja”, Ricardo Blanco o Richard White, se desempeñaba como jefe de relaciones públicas del ejecutivo barinés.

Era la época también cuando el hoy desaparecido Pedro Padrón Panza viajó a Barinas a firmar para sus Tiburones de La Guaira, al shor stop barinés nacido en Anaco, Argenis Salazar.

Para esa misma época, otro barinés, el coronel Gonzalo Fadul Aragón (+) estaba al frente de la Comandancia de Policía del estado Zulia, entidad que postuló como candidata para aquel fastuoso evento de la belleza, a la hermosa muchacha nacida en Cabimas, Nilza Moronta, hermana de la recordada Miss Venezuela de 1974, Neyla Moronta. 

Y hablando de Gonzalo Fadul, es bueno recordar también que su hermana Irma Fadul, fue candidata al Miss Venezuela en representación de nuestro estado Barinas, durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

La noche de Maritza Sayalero 

El fastuoso evento, transmitido por Venevisión, se llevó a cabo en el otrora hotel Hilton de Caracas.

Como siempre, Gilberto Correa animó aquella “noche tan linda”. El evento fue transmitido a color, aunque un segmento de nuestra población venezolana, para la época no contaba con esa tecnología en proceso de consolidación.

Hugo Pérez Trujillo (+) estuvo presente en el evento, invitado por su amigo Osmel Sousa, quien para la época actuaba como preparador de misses. Y precisamente Sousa fue quien preparó y le colocó los famosos zarcillos a Maritza Sayalero, a quien aún sigue calificándola como una de las misses más queridas de Venezuela.

Y a propósito de Hugo Pérez Trujillo, es bueno recordar que por petición del propio Pérez Trujillo, Tatiana Capote fue representante en el aquel histórico concurso de belleza, por el estado Barinas.

Maritza Salayero fue la candidata del entonces Departamento Vargas. Tenía 18 años. Su escultural figura, con medidas 89-60-89 y 1,75 metros de altura, deslumbró a todos. Se sumaban su hermoso rostro, con sus ojos castaños y su delicada sonrisa. Fue coronada Miss Venezuela. Dos meses después fue coronada como la primera Miss Universo de nuestro país. 

Tatiana culminó primera finalista y representó a Venezuela en el Miss Mundo realizado en Londres donde, al parecer, desafortunadamente se le corrió el traje baño y mostró un seno, por lo cual fue descalificada..  

Y para finalizar, un ex compañero de estudios nuestro, el colega periodista zuliano Néstor Luis Llabanero, encargado por muchos años de las páginas de farándula del diario Panorama, nos recordó que un famoso colega nuestro, el desaparecido Abelardo Raidi, gerente del equipo Magallanes y ex jefe de las páginas deportivas del diario El Nacional, fue quien motivó a Maritza Sayalero a inscribirse en el Miss Venezuela.

Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestras redes sociales, síguenos en Instagram, Twitter y Facebook como @DiarioElPepazo
El Pepazo

Cuando Gardel cantó en Cabimas, su show terminó en una rebelión 

0

Dimas J. Medina

Neuquén

El lunes 20 de mayo de 1935, el célebre cantante argentino de origen francés Carlos Gardel cantó en Cabimas.

Y su relampagueante visita, 90 años después, sigue siendo un misterio, ya que el día que actuó en el famoso Cine Internacional, ubicado en la avenida principal de aquella incipiente ciudad petrolera, se produjo un violento incidente, que según los asistentes, terminó con el incendio del aquel abarrotado local.

Testigo de aquel violento evento, fue Ramón Agustín Gañango Padron, abuelo del conocido atleta zuliano Marcos Enrique Borregales Gañango

La crónica de aquellos días y los comentarios de la época sobre la visita del cantante de tango a Cabimas, también señalan que el responsable del espectáculo vendió mas boletos de la capacidad de asientos que tenía el cine.

Con las molestias que ocasionó entre un numeroso público que pugnaba por ingresar al espectáculo que había comenzado pasada las 7 de la noche, Gardel apenas pudo interpretar cuatro canciones, entre ellas, «Mi Buenos Aires querido».

La comitiva que acompañaba el cantante sabía lo que ocurría afuera del cine y, antes de que todo estallara en violencia, se retiró sin avisar al público que estaba adentro.

Aprovechando la oscuridad de aquella Cabimas ataviada por mechurrios y balancines, Gardel y sus acompañantes fueron llevados a pie hacia el muelle, que apenas se encuentra ubicado como 500 metros del cine. Embarcaron en un pequeño «vaporcito» y regresaron a Maracaibo, a donde habían llegado el sábado 18 de mayo de aquel 1935, para la primera de sus cuatro presentaciones en suelo zuliano.

Años después, la gente se preguntaba por qué Gardel viajó a Cabimas a presentar aquel espectáculo, que casi termina en una tragedia.

Pues resulta, que el cantante argentino inició por nuestro pais una gira de casi seis meses por varios países de América del Sur, que se truncó con el accidente aereo registrado en Medellín, Colombia el 24 de junio de aquel 1935.

A Venezuela, Gardel llegó en barco por La Guaira el 25 de abril. Realizó varias presentaciones en Caracas, Maracay y Valencia antes de viajar a Maracaibo.

Debido al incremento poblacional que para entonces estaba experimentando aquella  Cabimas que surgió con el famoso «reventón» del Barroso II en diciembre de 1922, los organizadores de la visita de Gardel a Venezuela, deciden llevarlo a hacia aquella localidad que se había convertido en el epicentro mundial de la producción petrolera en nuestro país.

El viaje de Maracaibo a Cabimas atravesando el lago Coquivacoa en los «vaporcitos» de la época tardaba menos de dos horas en cualquier sentido.

Gardel llegó a las dos de la tarde al viejo muelle de Cabimas, donde una gran multitud lo esperaba. De allí, fue llevado hacia el campo petrolero de la Lago Petroleum Corporation, donde se hospedó por apenas seis horas de manera provisional.

Cuando se trasladó al cine donde iba a presentar su show musical, observó como la gente reclamaba por entrar al interior del evento, donde no cabía más personas.

Entendiendo aquella preocupante situación y presagiando además que en el cualquier momento algo desagradable podría ocurrir, Gardel solo interpretó cuatro canciones.

El cantante no se despidió del público y cuando los asistentes se dieron cuenta del engaño, comenzaron a gritar, a lanzar sillas hasta que la candela apareció en el lugar, consumiendo gran parte del cine.

Dos días después, el miércoles 22 de mayo, Gardel realiza su dos ultimas presentaciones en Maracaibo, para después viajar el jueves 23 en barco hacia Curazao, de donde posteriormente viajó hacia Colombia.

Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestras redes sociales, síguenos en Instagram, Twitter y Facebook como @DiarioElPepazo
El Pepazo

Gualberto Ibarreto: “No nos parecemos a nadie, pero nos parecemos al mundo”

0

Semblanza

“Si vas a emprender viaje hacia Ítaca, pide que tu camino sea largo…”

Constantino Cavafis

José Rafael Rivero

A Gualberto Ibarreto se le escucha antes de verlo. No por estridencia, sino por peso. Su voz —barítono con salitre— parece extraída de las entrañas de la tierra oriental, como si el propio Caribe hubiese aprendido a cantar y usara su garganta como médium. Cuando entona un galerón, no canta: suda memoria.

Nació en El Pilar, un caserío del estado Sucre que podría pasar desapercibido si no fuera porque allí la música no se aprende en conservatorios sino en patios de tierra, con abuelos que tallan instrumentos a mano y abuelas que arrancan melodías a las cuerdas como quien exprime un mango maduro. De allí salió Gualberto: con la madera en la sangre, la música en el aliento, y el hambre de cantar al país como se le canta al amor primero.

Antes de los escenarios, estuvo la calle. Antes del disco, la serenata. Aprendió con los ojos,con el oído, con el cuerpo. Fue alumno de los viejos —los de verdad, los que sabían sin haber leído—, y más tarde tomó clases con maestros de academia como Tobías Hernández y Raúl Benedetti. Pero nadie enseña a tener alma; eso vino de fábrica.

De joven, alternaba el canto con la protesta. En una mano la mandolina, en la otra las causas. Cantaba con los pulmones, pero también con las entrañas. Conocía a Atahualpa Yupanqui como se conoce a un hermano, y cuando entonaba una malagueña podía hacer llorar a una piedra.

En 1973, Caracas le abrió una puerta y él entró con la voz desnuda. Fue en la Universidad Central de Venezuela y después en el Festival Universitario de la Canción Venezolana, donde su interpretación de Cerecita, del maestro Luis Mariano Rivera, lo alzó por encima de la multitud. No ganó un premio: se ganó al país.

Luego vino la televisión, la radio, los discos. María Antonia, La Guácara, El Garrafón, Ni contigo ni sin ti. Venezuela entera tarareaba su repertorio sin saber que estaba aprendiendo geografía, historia y poesía con cada verso.

El cuatro es su fusil, la guitarra su mapa, la mandolina su nostalgia. Pero su voz es otra cosa: un relicario del alma nacional. Gualberto canta como si no existiera mañana, como si todo dependiera de ese último sostenido que se escapa como un suspiro que no quiere morir.

En 2012, junto al C4 Trío, renovó sus cantos de siempre como quien pule una joya antigua. Pero no necesitaba rejuvenecer: su voz no tiene edad. Es una constante, como el aroma del café en la madrugada o el rumor de las olas contra las rocas. Venezuela podría cambiar de nombre y Gualberto seguiría sonando igual. Más que un cantor, es un testigo. Un testigo con voz de pueblo, garganta de monte y espíritu de río. Un hombre que no ha dejado de cantar, porque sabe —como saben los sabios del oriente— que mientras alguien entone una malagueña, el país no se ha perdido del todo.

JRR: Gualberto, cuando usted canta una malagueña, pareciera que no sólo interpreta una canción sino que convoca a los ancestros. ¿Alguna vez ha sentido que su voz no le pertenece del todo, que es apenas el instrumento de algo más antiguo que usted mismo?

GI: Sí, porque cuando interpreto el folclore, me remonto a mi niñez, a esos años en la hacienda de café y cacao junto a mi padre y a mi abuelo. Para mí, cantar nuestra música es una forma de honrar el pasado. Siento que en mis genes habita esa esencia que me conecta con el alma del pueblo.

JRR: Usted nació entre luthiers y mandolinas, entre patios donde la música se criaba con el maíz. ¿Qué queda hoy de aquel niño del Pilar cuando se sube a un escenario, ya con la memoria cargada de tantos aplausos?

GI: Esa memoria se alimenta del aplauso del público. Es ese reconocimiento el que me confirma que lo estoy haciendo bien, que lo que siento al cantar también lo siente la gente.

JRR: En su andar por la canción popular, ha abrazado tanto el dolor como la fiesta, tanto la protesta como el bolero. ¿Qué es lo que más le ha dolido cantar y qué es lo que más le ha salvado al hacerlo?

GI: La música venezolana siempre ha sido una forma de protesta. Considero que aún no se le ha otorgado la importancia que realmente merece. Cuando canto, puedo sentir el dolor de una guácara al ser puesta en la candela para saciar el hambre del indio campesino. Canchunchú Florido es una de las canciones más significativas: expresa con fuerza el espíritu del campo venezolano, pero también es una denuncia, una protesta que Luis Mariano Rivera plasmó con admirable claridad. El pueblo venezolano tiene una picardía innata, pero también sabe protestar, sabe llorar, sabe celebrar. Por ello, esas facetas —la picardía, la protesta, el amor y la celebración— las he interpretado a lo largo de mi carrera.

JRR: Ha cantado a un país que a veces se rompe y a veces se reinventa. ¿Qué le responde a quienes dicen que el folklore es pasado, cuando usted lo ha usado como espejo del presente?

GI: ¡Es cierto! A veces se rompe y otras veces se fortalece, pero la identidad de un país no tiene tiempo. Esa manera tan nuestra de decir, de cantar, de nombrar las cosas, es el resultado de una amalgama de culturas que nos hace únicos en el mundo. No nos parecemos a nadie, pero al mismo tiempo, nos parecemos al mundo. Podemos estar cantando o bailando una malagueña sin siquiera darnos cuenta. Esa es la esencia del
venezolano: una mezcla viva, espontánea, irrepetible. Por eso digo que nos parecemos a muchos, pero somos distintos.


JRR: En tiempos donde la música suele volverse fugaz, casi desechable, ¿cómo ha logrado que su voz permanezca como una estampita en el corazón de varias generaciones?

GI: Ese logro no me pertenece a mí, le pertenece al pueblo de Venezuela. A esas personas que han escuchado la música que he hecho y la han hecho suya. Cantar, para mí, es un ritual: en el escenario habito la letra de un poeta, ese poema colectivo que refleja al pueblo, sus formas, sus costumbres. ¿La verdadera recompensa? El aplauso, el cariño, la admiración. Es el público quien te hace sentir querido, quien da sentido a lo que haces.

JRR: Usted ha convivido con la fama sin dejar que lo devore. ¿Qué precio ha tenido que pagar por ser un cantor del pueblo, y qué se ha prometido nunca dejar atrás?

GI: He convivido con la fama porque he sabido valorar que Dios me dio un don. Y creo que la mejor manera de agradecerle es compartirlo con la gente. Ese talento no me hace más que mis hermanos, sólo me hace diferente. Siempre he tratado de estar cercano a la gente. Tuve que dejar el alcohol, el cigarrillo… porque me hacían daño. Y me di cuenta de que la gente tenía razón cuando me regañaba: ‘¡Cuida tu voz, Gualberto, que no es sólo tuya, es de Venezuela!’, me decían.
Gracias al apoyo del pueblo, de Alcohólicos Anónimos y, sobre todo, a la voluntad de Dios, logré vencer una de las batallas más duras. Hoy tengo 34 años sin probar una gota de alcohol. Si no lo hubiera dejado, no estaría aquí. Estaría en otro plano. Estuve a punto de morir en tres oportunidades. Estoy muy agradecido con Dios y con el pueblo de Venezuela. Ese cariño es lo único que me voy a llevar. Todo lo demás se queda aquí, para que me
recuerden.


JRR: Cuando calla, ¿qué le canta el silencio? ¿A qué suenan sus días cuando no hay público ni micrófonos, cuando la música cede espacio a la soledad o a la contemplación?

GI: Yo consulto el silencio muchas veces, y él me responde que valió la pena dedicarme a la música y a mi país. La soledad es necesaria. Uno la necesita para hacer balance: de lo bueno y lo malo, de los aciertos y los errores, de los éxitos y los fracasos. Caer y levantarme a tiempo ha sido mi manera de seguir al lado de mi pueblo.

JRR: Si su voz fuese el testamento sonoro de un país, ¿qué canción suya dejaría como legado y qué verso grabaría en piedra para quienes aún no han nacido?

GI: Dejaría canciones como: Canchunchú florido, Presagio, Ladrón de tu amor, La guacara, Oro negro, María Antonia, A cuerpo cobarde, Anhelante y Rios de la vida. Gualberto mira su propio eco en el caudal de su país. Él no vende su voz; la presta al viento porque sabe que, mientras alguien en algún patio oscurecido entone una de sus canciones, Venezuela respira. Su figura, recortada contra la bruma marina, se yergue
igual que un viejo faro: no guía barcos, sino corazones. Y así, con la garganta empapada de memoria y el aliento perfumado de ausencias y promesas, Gualberto Ibarreto permanece en el umbral de la eternidad musical: inamovible, irrepetible, esencial.

Frases lapidarias de GUALBERTO IBARRETO:

“He convivido con la fama porque he sabido valorar que Dios me dio un don…”

“La identidad de un país no tiene tiempo…”

“El pueblo venezolano tiene una picardía innata, pero también sabe protestar, sabe llorar, sabe celebrar…”



Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestras redes sociales, síguenos en Instagram, Twitter y Facebook como @DiarioElPepazo
El Pepazo

Se fue la Voz Potente  de Zulia

0

Dimas J. Medina

Este viernes en horas de la mañana, dejó de existir en su residencia, ubicada en el sector Guabina de Cabimas, el conocido locutor Humberto Prieto González.

Conocido también como “La Voz Potente de la Radiodifusión Zuliana”, Prieto González será recordado por haber construido escuela en la reconocida Radio Libertad de Cabimas, donde fue por muchos años la voz estelar del célebre noticiero “Tribuna de Libertad”.

Con su certificado de locución, el número 6.345, expedido por el entonces Ministerio de Transporte y Comunicaciones, Prieto González dejó para la posteridad, con su voz ancla, aquella presentación de su admirada casa sonora: “donde se funde el lago, cielo y trópico, transmite Radio Libertad, 620 AM, la potente arriba” 

Además de docente, Humberto Prieto también exploró en el campo de la actividad política, donde supo con sapiencia y paciencia, combinar su acuciosa actividad de comunicador social con la noble labor de servidor público al servicio de las generosas causas populares.

Su amigo, el también dirigente social y político local, Humberto Torres, definió a Humberto Antonio Prieto González como el hombre que con su potente y disciplinada voz, supo ganarse el aprecio de todas las comunidades de la Costa Oriental del Lago a través de la radiodifusión zuliana.

Paz a su alma.

Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestras redes sociales, síguenos en Instagram, Twitter y Facebook como @DiarioElPepazo
El Pepazo

Falleció en Buenos Aires fundador del Trío Venezuela 

0

Dimas J. Medina

Neuquén

Este viernes en horas de la noche falleció en Buenos Aires,  el conocido cantante venezolano Gilberto Jiménez Machado (87), fundador del afamado Trío Venezuela.

Nacido en Caracas en 1938, Jiménez Machado fue la primera voz del trío, que dejó entre otros grandes éxitos, «Magia Blanca» y «La Cinta Verde».

Tras dejar un hermoso legado, varios de sus fans recordaron este sábado los éxitos, aplausos y presentaciones del maestro Gilberto Jiménez, quien al igual que el resto de los integrantes del Trío Venezuela, se hicieron acreedores de condecoraciones y premios.

Paz a su alma.

Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestras redes sociales, síguenos en Instagram, Twitter y Facebook como @DiarioElPepazo
El Pepazo

86 años de El Monumental de la Gaita

0

Dimas J. Media

Neuquén

Un día como hoy viernes 9 de mayo, pero de 1939, nació en Maracaibo Ricardo José Aguirre González, una de las grandes referencias de la música popular zuliana, especialmente en el género gaitero.

Bautizado por su amigo Octavio Urdaneta como “El Monumental de la Gaita”, aquel apelativo surgió por las cualidades de Ricardo Aguirre como cantante, compositor y su profunda conexión con la cultura zuliana. 

Y antes de que aquel apodo se arraigara en el imaginario colectivo, Ricardo Aguirre debió formarse como maestro en la Escuela Normal Nacional Gervasio Rubio, en el estado Táchira, donde egresó en 1959.

Tras obtener en 1962 su certificado de locución, comenzó en ese mismo año a dedicarse a la música, como cantante y compositor gaitero.

En sus inicios como gaitero, Ricardo Aguirre estuvo plenamente consustanciado con el pueblo zuliano y cantó a Maracaibo, a su gente y a sus angustias vivenciales, expresadas en la protesta, con una voz inconfundible y única, que le valió el justo apelativo de “El Monumental de la Gaita”.

Y el apodo de “El Monumental” surgió de una forma informal y espontánea, según comentó su amigo Octavio Urdaneta, aquella vez cuando lo llamó así, en un momento sin pensarlo demasiado.

Con el tiempo aquel apodo resonó y se convirtió en una forma de reconocer la grandeza de Aguirre como cantante, ya que su influencia en la gaita y su potente voz, que refleja la admiración y respeto que sus contemporáneos y futuras generaciones siguen mostrándoles, hicieron a Ricardo Aguirre como “El Monumental de la Gaita”

Por eso, el término “El Monumental” ha venido siendo utilizado para referirse a Ricardo Aguirre como “El Monumental de la Gaita”, consolidando su legado en la música venezolana.

+Aguirre inventó “Cardenales del Éxito”

En el ambiente gaitero, Ricardo Aguirre empezó por ser director de la agrupación “Los Sabrosos”, con los cuales no actuó o lo hizo en forma muy ocasional, y después, incursionó en el grupo “Santa Canoíta”. 

A Ricardo Aguirre se le atribuye el nombre de Cardenales del Éxito. Ocurrió en 1962 cuando ingresó al referido grupo gaitero, junto con sus hermanos Rixio, Renato y Alves.

Aguirre propuso que le añadiera un complemento al nombre del conjunto y así surgió Cardenales del Éxito, donde grabó sus primeras gaitas en 1963: “Golpe tradicional” de Rixio Aguirre, “Gaita, Gaita” de Pedro Colina y “Gaitas Tradicionales” de Luis Ferrer y Rixio Aguirre. 

Y así empezó su largo camino de éxitos con otros temas, como “La parrandera”, “La bullanguera”, “Vieja y famosa”, “Madre”, “Los piropos”, “Mi danza”, “La gaita del 65”, “Reina morena” y “Mi Chinata”.

Reina Morena

El 18 de noviembre de 1966, surgió una de las mejores gaitas de Ricardo Aguirre, “Reina Morena”. Aquel tema nació de la pluma de Jairo Gil, conocido como “El Poeta de la Virgen”, quien aquel día acompañaba en Caracas a los Cardenales del Éxito de Ricardo Aguirre.

Según el cronista y compositor gaitero, Humberto “Mamaota” Rodríguez, aquel 18 de noviembre de 1966, después de que Cardenales del Éxito actuaron en horas de la tarde en el Círculo Militar de Caracas, la agrupación gaitera deseaba estar presente en Maracaibo.

Y el entonces gobernador del estado Zulia, Luis Vera Gómez, que para suerte de la agrupación gaitera, se encontraba en Caracas, le diligenció los pasajes aéreos a los integrantes de los Cardenales del Éxito.

Partieron a las 8 de la noche del aeropuerto Maiquetía y en pleno vuelo, Jairo Gil compuso la gaita. Cuando llegaron al viejo aeropuerto “Grano de Oro”, tanto “El Monumental de la Gaita”, Ricardo Aguirre González como Jairo Gil, prometieron interpretarla a su inmediata llegada a Maracaibo y así lo hicieron cuando los Cardenales del Éxito se trasladaron de inmediato a la Basílica San Juan Dios.

Al subirse a la tarima, “Reina Morena”, la gaita que compuso en el viaje aéreo Jairo Gil, fue el primer tema que interpretó la denominada “Raíz de la Gaita”, como también se le denomina a los Cardenales del Éxito, en la voz del Monumental de la Gaita.
  
“Entre una lluvia de flores/se pasea una princesa/y San Juan de Dios le reza/cánticos de poesía/yo la vi cuando venía/placentera y satisfecha/por la gran calle Derecha/a su pueblo bendecía…”

Grey zuliana

“La Grey Zuliana” grabada en 1968, a decir del conocido gaitólogo Arnoldo Hernández Oquendo, fue escrita y musicalmente adaptada con su introducción por Ricardo Aguirre, pero el estribillo le pertenece Marcial Valbuena.

Con la grabación de este clásico gaitero, se le introdujo por primera vez un bajo eléctrico al conjunto musical.

“La Grey Zuliana”  ha sido bautizada, no sólo como el himno del estado Zulia, sino también como el himno de la gaita zuliana por su gran proyección y se consagró como himno popular, tras la trágica muerte de “El Monumental de la Gaita”. 

Ricardo Aguirre murió en un accidente de tránsito la madrugada del 8 de noviembre de 1969, a los 30 años de edad, faltando 9 días para la Aurora de la Virgen, conocido ahora como Amanecer Gaitero y 10 días para el Día de la Chinita.

El día de aquel fatal accidente vial, Aguirre andaba con un amigo nuestro, el hoy desaparecido periodista y compositor gaitero zuliano, Brinolfo Antonio Fonseca Villalobos.

Se dirigía hacia su casa luego de haber dejado en su casa a Brinolfo Fonseca, conduciendo su rústico jeep en medio de un aguacero que azotaba la zona norte de Maracaibo.

De manera pues, que en razón de aquel día trágico para la gaita y para el pueblo zuliano, el 8 de noviembre fue declarado Día del Gaitero, en recuerdo póstumo a” El Monumental de la Gaita”, Ricardo José Aguirre González.

Y la celebración del Día del Gaitero, se acordó en 1983, cuando el gobernador del estado Zulia para la época, Humberto Fernández Auvert, decidió rendir un perenne tributo a este referente folklórico musical de esa entidad, Ricardo Aguirre.

Asimismo, Ricardo Aguirre fue decretado Patrimonio Cultural del Municipio Maracaibo en el año 2014, por parte del Concejo Marabino bajo la gestión de la doctora Ada Rafalli, gracias al proyecto presentado por el profesor Daniel Hernández Luengo, Coordinador de Patrimonio y Referencias Históricas del Instituto Municipal de la Gaita Ricardo Aguirre para la época.

De La Grey Zuliana a Linda Barinas

Y a propósito de Ricardo Aguirre, autor e intérprete de la célebre gaita “La Grey Zuliana”, declarada como segundo himno del estado Zulia, es bueno recordar también que durante la primera administración de Rafael Rosales Peña como gobernador del estado Barinas, fue decretada la canción “Linda Barinas”, del compositor e intérprete Eladio Tarife, como el segundo himno de esta entidad llanera.

Ocurrió el 25 de junio de 1987, tras el decreto 43 del entonces ejecutivo del estado Barinas, que convertía a don Eladio Tarife para aquel entonces, como el segundo compositor venezolano, que veía transformar a una de sus canciones, como himno popular de su entidad natal.

Por ese mismo sendero, otras regiones del país, como Puerto Cabello, declaró el 17 de julio de 1998, como himno oficial de esa localidad costera del estado Carabobo, la canción popular “Puerto Cabello”, del poeta y músico Ítalo Pizzolante. 

El referido tema fue inmortalizado tras su grabación en el género bolero, por el también desaparecido cantante zuliano Felipe Pirela, con la orquesta de Billos Caracas Boy a comienzo de la década de los 60.

Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestras redes sociales, síguenos en Instagram, Twitter y Facebook como @DiarioElPepazo
El Pepazo

Brinolfo Fonseca nos dejó hace 29 años

0

Hace 29 años se marchó el célebre compositor gaitero Brinolfo Fonseca «El Pajarito».

Dimas J.Medina

Neuquén

Entre la inmensa legión de periodistas zulianos que a nuestra querida Barinas no sólo venimos a trabajar, sino que además echamos raíces, siempre recordaremos al médico Brinolfo Antonio Fonseca Villalobos.

Junto a los también desaparecidos Rudy Rafael Linares y Antonio Boza Terán, Fonseca además de locutor, formó parte de aquella vieja generación de periodistas zulianos quienes igualmente hicieron escuela en Barinas.

Nacido en Maracaibo en 1936, Brinolfo Fonseca se formó como médico en México, donde conoció a quien convirtió después en su esposa, la hermosa Adela de Fonseca.

«El Pajarito» como también se le conocía a Fonseca, falleció la mañana del 7 de mayo de 1996 en plena labor periodística, cuando se encontraba al aire con su programa «Cuarto Poder», que moderada por la hoy extinta radio Sensacional 94.7 FM.

A Fonseca, muchos barineses lo recuerdan también por una frase que lo hizo famoso en Barinas y que en Maracaibo popularizó durante la década de los 60, el célebre locutor zuliano “El Ventarrón” Oscar García, que decía “ahí le dejo mi reputación para la que vuelvan trizas”.

Y con esa frase, “El Parajito” despedía su programa cuando pronunciaba otra de sus populares frases, “Se va el pájaro y nosotros también”.  

Antes de abrazar la carrera de periodista en su Maracaibo florido, profesión que en Barinas lo convirtió en un polémico personaje, Brinolfo Fonseca fue un excelente compositor gaitero.

En 1967 con su célebre composición «Volando», interpretado por el hoy desaparecido Rubén Trujillo con sus «Cardenales del Éxito», obtuvo el premio como La Gaita del Año.

Esa misma gaita, fue grabada por el famoso Ricardo Montaner en el 2002, en una compilación o mosaico gaitero con el mismo conjunto «Cardenales del Éxito», con motivo de los 40 años que celebró para entonces la denominada «Raíz de la Gaita».

Ese mismo 2002, su amigo Ricardo Cepeda tributó un homenaje a Brinolfo Fonseca al grabar con «El Látigo de la Gaita», German Ávila, el recordado y nostálgico «Cofre»:

«Existe un cofre dorado/ que guarda toda la esencia/como presente y pasado…el cofre guarda también/con el doblar de los bronces/del campanero Rubén…y unos versos de Brinolfo/la campeona de Moisés/ y las maracas de Astolfo…»

Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestras redes sociales, síguenos en Instagram, Twitter y Facebook como @DiarioElPepazo
El Pepazo

Billo, pionero visionario de la música

0

Luis Carlucho Martín
 
Aunque suene a lugar común, qué importante es estar en el sitio indicado en el momento indicado; y si a eso le sumas talento y tesón, se puede presentar la opción, no solo de ser pionero, sino el único en tu estilo.

Eso ocurrió con Luis María Frómeta, Billo (sin “s” al final), quien bajo los influjos de las emisoras cubanas que llegaban directo por ondas hertzianas a su San Francisco de Macorís natal, un día cambió sus estudios de medicina por la música. ¿Sabia decisión? ¿Quién sabe?

Lo cierto es que Billo entregó su vida a estimular multitudes para fomentar con su música el amor incondicional por la capital venezolana, a la postre, su terruño adoptivo.

Vayan estas líneas reeditadas en su memoria. Nacido el 15 de noviembre de 1915, en República Dominicana y fallecido, a los 73 años, el 5 de mayo de 1988, en su amada Caracas, Venezuela.

El primero

Luis María figura en la historia por ser el músico dominicano-caraqueño que en 1938 participó en la primera película sonora del cine venezolano, Taboga, de Rafael Rivero y Antonio Plaza; aunque estuvo en otras tantas, incluso, en su nombre se rodaron varios cortos y documentales.

Además, estuvo entre los primeros en dirigir una orquesta venezolana en escenarios de los Estados Unidos. Eso fue en la temporada de abril de 1969, cuando el mundo aún vivía los coletazos del Mayo Francés y el movimiento hippie estaba en plena efervescencia. Venezuela asimilaba la muerte de su expresidente y literato Rómulo Gallegos, padre de Doña Bárbara.

En esa gira por Nueva York, la agrupación venezolana alternó con las orquestas de Tito Puente, primero, y Tito Rodríguez, luego. Un lujo primerizo.

Con todo su éxito, Billo también fue el primero en protagonizar adversidades, como el inexplicable veto al que lo sometió la Asociación Musical de Venezuela, codirigida por Aldemaro Romero a finales de los años 50; situación que se repitió en 1964 en Puerto Rico, lo que luego produjo una retaliación en contra de varios artistas boricuas.

La de Billo fue también la primera orquesta caraqueña que se registraba en el libro de récord Guinness, cuando a ritmo de “Baile en la calle” puso a mover el esqueleto, en las inmediaciones de la plaza España de Tenerife, a más de 240 mil almas, el 3 de mayo de 1987, casualmente un año antes de cambiar de plano.

Seguramente, como dicen los registros de la memoria comercial, lideró en preferencia popular los bailes de los años 40, 50, 60 y 70, cuando acaparó todas las audiencias, en un ambiente competido con otros grandes como Luis Alfonso Larráin, por ejemplo.

Fue el primero en dirigir, por supuesto sin saberlo, a la orquesta que le daría su despedida, ya que el 27 de abril de 1988, durante el ensayo de lo que sería su homenaje por 50 años de carrera artística, fue sorprendido por un derrame cerebral que le apagó la vitalidad ocho días después.

Por ello, tristemente, fue el pionero en llenar su propio velorio, al que acudió el pueblo en multitud, a ver cómo se desbordaba sobre su tumba “El último compás de Alma Llanera”. 

Sus tres Repúblicas

Billo, como lo apodó su tía María (por el singular parecido con Billo, un vecino gruñón y de muy mal carácter), llega a Venezuela en 1937, porque se oponía al régimen totalitario del entonces presidente de República Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo, quien entre sus desmanes, no solo obligó a cambiar el nombre a la Santo Domingo Jazz Band por Ciudad Trujillo Jazz Band, sino que además uniformó con atuendos militares a los médicos en ejercicio, precisamente el rebusque que tenía Luis María en sus momentos libres, en los que colocaba inyecciones y aplicaba medicina primaria.

Es así como hace sus contactos para viajar a Venezuela, donde debuta con la Billo’s Happy Boys, nombre dado por los empresarios contratantes. El Roof Garden fue el escenario en el cual marcaba el inicio de lo que denominó la Primera República de Billo, desde ese 1938 hasta 1957, período en el que también destacó en radio, con sus programas “A gozar muchachos” y “Fiesta Fabulosa”, además de sus logros en el cine y la televisión.

De esos días son los cantantes Manolo Monterrey y Rafa Galindo, quienes se fueron de la orquesta cuando Billo, acusado por bigamia, hubo de purgar condena en la cárcel Modelo, desde donde siguió trabajando, creando notas, acordes, componiendo, pero la anarquía reinó en el grupo. Por ello, cuando el antillano-caraqueño obtuvo su libertad al pagar una fianza de 2000 bolívares, inició su segunda República con los músicos de la orquesta Casa Blanca (actual Hermandad Gallega), dirigida hasta entonces por Luis Alfonso Larráin, quien se fue a la Sociedad de Autores y compositores de Venezuela.

Dicen que por razones más personales que legales surge una confrontación con la Asociación Musical y Billo es vetado de por vida, hecho que le da origen a Los Melódicos, ya que Renato Capriles lo contrata para que le escriba los arreglos en calidad de socio fifty-fifty a su naciente grupo.

Al poco tiempo, Luis María, que quería hacer sus propias composiciones, por algunas conexiones logra contacto con Bebo Valdés en Cuba y se lleva a Víctor Piñero, motivo por el cual se distancia de su socio Capriles.

Allá hace crecer a cantantes venezolanos como Héctor Murga, Adela Castillo y otros. Un cambio en la directiva del gremio musical criollo le suspende el estricto veto. Retorna, y en 1960 inicia su Tercera República. Renace la Billo’s Caracas Boys, con la que hizo famosos a Felipe Pirela, Cheo García, José Luis Rodríguez, Memo Morales y al sempiterno Ely Méndez.

Agitada y exitosa fue la carrera del que nos hizo creer que en La esquina de Las Gradillas sale un muerto. Se ganó la preferencia de la audiencia rumbera caraqueña. Involucró a todas las clases sociales a ritmo de sus novedosos mosaicos, guarachas acubanadas y más tarde melodías colombianizadas según la demanda de los diversos mercados musicales, conquistados casi en su totalidad por este fenómeno. En todos los estilos Billo siempre le cantó a su amada Caracas.

Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestras redes sociales, síguenos en Instagram, Twitter y Facebook como @DiarioElPepazo
El Pepazo