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Los 75 de Canales…y los que faltan

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Luis Carlucho Martín

Dicen las buenas lenguas y la mía que está sabrosa lo repite, como a su mejor estilo nos puso a rumbear un orfebre de profesión pero músico de oficio y pasión, el Diferente Ángel Luis Canales, quien superó el rechazo de la industria discográfica y del mundo del espectáculo y supo labrar su propio destino para, junto a otros (por ejemplo los Hermanos Lebrón), darle al movimiento salsero tiempo para reinventarse contra la invasión merenguera y de otras tendencias como la salsa romántica y baladas, que ocupaban el ambiente ochentoso y llenaban los bolsillos de los empresarios.

Tuvo que venir «Perico Macoña» a recordar cómo es el «Sentimiento del Latino en Nueva York» y bailar el «Concierto en Bongó» o el «Chachá a la Canales», con «Ana Isaoco» bajo la amenaza callejera contra el duro del barrio al que el orfebre salsero le advirtió: “…que tú levantas la jeva y yo me la gozo”.

Este genio que al culminar el servicio militar obligatorio logró reunirse con (o reunir) un pequeño grupo de músicos de óptima calidad (poquito porque es bendito) hasta llegar al exquisito champú de teclas de otro extravagante e irreverente, Markolino Dimonds (lástima que por asuntos muy personales no siguió esa dinámica combinación, aunque el tecladista tiempo después retomó su camino con Frankie Dante y la Flamboyán, con Héctor La Voe y con Harllow).

Ángel Canales se dio el tupé de que, aun siendo casi un desconocido, Dimonds, en su disco «Brujería», lo nombró líder vocal amparado con los coros de un par de duros y consagrados como Justo Betancourt e Ismael Pat Quintana… Casi nada. Tremendo estreno en esa producción de 1970. Así inició la consagración de un novel Canales, quien llegó a la música afrolatina influido por Rafael Cortijo e Ismael Rivera, al que oía en su casa antes de llegar, con sus padres a los 8 años, desde Puerto Rico a Nueva York.

Tuvo una pasantía como timbalero en la banda del guitarrista Luis Torres. Seguidamente se contactó con Ray Jay, en cuya agrupación, por esas situaciones que solo sabe el destino, le correspondió suplir la ausencia del vocalista. Acababa de ser rechazado por varias emisoras de radio a las que había acudido a probar suerte como cantante. Pero su insistencia, resiliencia salsera y seguridad en sí mismo, en ese duro ambiente del latino en Nueva York, lo impulsaron a seguir.

Al pegar junto a Markolino para el sello de Al Santiago, Allegre Record, comenzó a sonar su nombre. Nadie de la industria se arriesgaba a darle nuevas oportunidades. Sobrevivió musicalmente tocando en fiestas privadas. Markolino ya se había separado y Canales lidera su propia banda de músicos irreverentes, undergorund, informales, pero de destacada cadencia y los mejores pagados del mercado, gracias a que Canales se mantenía de su negocio como tallador de diamantes…

Necesita un nuevo pianista. Y como los buenos se atraen, la vida lo unió al pianista colombiano Eduardo “Eddy” Martínez, quien se encargaba de los arreglos y por otros compromisos era sustituido en la ejecución por otro gran tecladista neogranadino, Joe Madrid.

Así las cosas, Dimond, Martínez y Madrid, desde sus pianos, pusieron muchas teclas a favor del desarrollo artístico de Canales, quien se ocupaba de cantar, financiar y administrar, además de componer junto a su amigo, el conguero Antonio Tapia.

Con aportes de cada quien se logró un divino sonido de saxo barítono, una trompeta aguda y retadora junto al diálogo de par de trombones y una percusión explosiva que sin estridencias permitían oír, tararear y enamorar a las parejas en cada baile a ritmo jazzeado… hasta reventar.

Luego, con el sello TR Records, correspondió el turno a discos como El San Juan, en 1976 («Ana Isaoco», «Sandra», «Concierto en bongó»), y en 1978 Live at The Roseland (varias versiones de sus éxitos y la famosa y larguísima «Kung fú y Karate»). Pasa tiempo sin grabar después del segundo álbum patrocinado por el mismo Allegre Record. “El Pelón” de la salsa sigue logrando espacios e independencia y crea su propio sello disquero, SELANAC –su apellido deletreado al revés– con el que nace «El Sentimiento del Latino en Nueva York», en el que reivindica aún más su acercamiento hacia un jazz salsero adornado con su particular voz nasal, sus atrevidas vestimentas y su manejo del escenario que gustaba en el público de aquellos años 80.

Había iniciado su internacionalización. Agradece en emblemática canción a “Panamá Soberana” …y a “La Humanidad”. Triunfa en Venezuela, donde graba en vivo, desde El Poliedro, su producción «El Diferente», que además fue el apodo acuñado por lo antes descrito, aunque como todo el que triunfa despierta envidias, algunos de la industria, a la que él había superado, quisieron imponer matrices negativas de opinión distintas a la realidad. Pero se impuso la calidad del orfebre y tallador, esposo de Ana Brunilda y padre de tres hijos.

Hizo además en 1982 el disco Different Shades of Thought, donde aparecen versiones de los éxitos «A usted», «Guantánamo» y «Nadie como tú»… y en 1987 produjo también con su sello SELANAC, «Ya es tiempo» o «It’s Time». Existen otros trabajos discográficos, que básicamente son recopilaciones y versiones de sus éxitos ya conocidos.

Hoy (desde finales de los 90) Canales batalla contra el Mal de Parkinson, dura pelea, aunque es un ganador que, sin pagar payola, superó a la industria disquera y radial tradicional niuyorkina, mafia que aseguró que él jamás triunfaría. El Diferente también dejó en el olvido a sus críticos de estilo y a aquel estúpido –con el perdón de los estúpidos– que pagó su entrada en un abarrotado Poliedro en 1982 y en medio de su arrebato –literal, debe haber estado hasta el culo de mandrax y mariguana con curda–  empezó a arrojar objetos contra la humanidad del cantante de Santurce… El público –entre ellos yo, porque Luis Rafael me llevó junto a mi hermano mayor, Lomo, el viejo es él, jajaja– se encargó –a fuerza de «Kung fú y karate»– de darle su merecido a aquel infeliz desadaptado…
Y aunque su retiro –dicen que hace algunas cosas salseras en privado en Miami, donde reside– genera «Nostalgia», estamos convencidos de que se merece «Dos Gardenias» en su cumpleaños 75… Felicidades, maestro.

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El Pepazo

Héctor Lavoe convirtió en salsa, canciones de tango, vallenato y hasta de nuestro Reinaldo Armas  

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Dimas J. Medina

Neuquén

Influenciado por los grandes de la música popular caribeña como Daniel Santos, Cheo Feliciano, Ismael Rivera e Ismael Quintana, Héctor Juan Pérez Martínez se hizo cantante.

Aunque su padre, Luis “Lucho” Pérez quería ver a Héctor convertido en un gran saxofonista, “El Cantante de los cantantes” como después fue bautizado “La Voz”, terminó en lo que siempre sintió: Cantando y convertido después en uno de los mejores exponentes de la salsa.

Y desde que se mudó a Nueva York procedente de su Puerto Rico querido en 1963, aquel muchacho nacido el Machuelo Abajo, Ponce el 30 de septiembre de 1946, la vida de Héctor Lavoe como mundialmente fue conocido, también cambió.

Y no solo cambió en el aspecto profesional, sino también en la parte emocional, que en el trascurrir del tiempo, buscó consolar sumergiéndose en el mundo de las drogas.

El primero de esos muchos golpes emocionales ocurrió cuando perdió a “Panchita”, su querida madre Francisca Martínez, a la edad de tres años.

A pesar de la negativa de su padre, Héctor partió a Nueva York a donde arribó el 3 de mayo de 1963 a la edad de 16 años, para vivir con su hermana mayor Priscilla. Y la razón por la cual “Lucho” no quería que su hijo se fuera a vivir a Estados Unidos, es que su hermano mayor, que había migrado a esa ciudad estadounidense, había muerto en un accidente.

Y aferrado en transformar su sueño de cantar en Nueva York con el fin de hacer fama y fortuna, Héctor Lavoe conoce a un músico oriundo de aquella ciudad, pero de padres portorriqueños, el joven Willie Colón, con quien después formaría una de las mejores duplas de la salsa, a partir de finales de la década de los 60.

Pero antes de aquel encuentro, Lavoe, quien al principio se decepcionó de aquella Nueva York, al ver descuidada y llenos de basura los edificios y las calles de los barrios latinos, seguía soñando con la fama.

Y lo primero que hizo Héctor al llegar a Nueva York fue buscar trabajo. Consiguió empleos como pintor, limpiavidrios, maletero, mensajero, mesero y conserje, por mencionar algunos, hasta que un día se reencontró con su amigo de la infancia, Roberto García, quien lo empezó a llevar a los salones de baile y clubes de música latina del Barrio Latino, el Bronx y el Bajo Manhattan. 

Mancuerna con Willie Colón

El hoy fallecido compositor, músico y cantante dominicano Johnny Pacheco, productor musical del sello Fania Record, fue quien propuso a Héctor Lavoe como nuevo vocalista de la orquesta de Colón, ya que estaba al tanto de su voz, su enunciación impecable y sus habilidades estilísticas. 

Desde 1967 hasta 1986, Lavoe produjo y grabó con la orquesta de Willie Colón, con el respaldo de un sello disquero que para entonces se abría paso en el mundo de la música latina, el conocido imperio “Estrellas de Fania”, con la que logró el reconocimiento con canciones como “Aguanile”, “Che, che, colé”, “La Murga”, “El día de mi suerte”, “Todo tiene su final”, “Aires de Navidad”, “Juana Peña”, “Juanito Alimaña”, “Triste y vacía”, “Vamos a reír un poco”, “Calle luna, calle sol”, “Barrunto”, “Timbalero”, “Abuelita” y “¿De qué tamaño es tu amor?”, ésta última de la autoría del cantante venezolano Reinaldo Armas, grabada en 1985.

Y así como el propio Reinaldo Armas reconoció al portorriqueño de haber internacionalizado su canción, Lavoe hizo lo mismo con varios emblemáticos temas de otros géneros musicales, como el tango de Carlos Gardel “Consejo de Oro” y el vallenato “La Verdad”, del fallecido compositor colombiano Freddy Molina Daza, que originalmente fue grabado en 1973 por Alfredo Gutiérrez.

Así como grabó en 1979 un álbum en homenaje al fallecido bolerista zuliano Felipe Pirela con el nombre de “Recordando a Felipe Pirela”, Héctor Lavoe también participó en otro homenaje que produjo la Fania en 1976 al también fallecido cantante portorriqueño Tito Rodríguez.

El álbum titulado “Tributo a Tito Rodríguez”, “El Cantante de los cantantes” grabó los temas “Cuando, cuando, cuando” y “Vuela la paloma”, este último junto con Santos Colón, Ismael Quintana, Ismael Miranda, Justo Betancourt, Bobby Cruz, Pete “El Conde” Rodríguez y Cheo Feliciano.
 
En 1975, cuando decide grabar con su propia orquesta, pero ahora bajo la producción de su mancuerna, Willie Colon, Lavoe produce su primera producción “La Voz” y un año después, publica el álbum “De ti depende”, también con la colaboración del trombonista neoyorkino, donde además del exitoso “Periódico de ayer”, del fallecido compositor y periodista portorriqueño Catalino “Tite” Curet Alonso. En ese mismo album, figura también “Vamos a reír un poco”, del también fallecido compositor y cantante venezolano Perucho Torcat, en donde Lavoe muestra su destreza como sonero de primera categoría.

El Cantante y sus últimos días

Willie Colón recordó en una entrevista que cuando le ofrecieron grabar para el sello Fania, no lo creía. “Cuando conocí a Johnny Pacheco, lo primero que me dijo fue “Hay que buscarte un cantante”. 

Y aquel cantante consolidó su fama, a principios de la década de los 70, cuando el propio Pacheco le compuso “Mi Gente”, tema obligado y bastante solicitado en los conciertos de La Fania, como aquellos celebrados en el Madison Square Garden, Yankees Stadium de Nueva York, Coliseo Roberto Clemente en San Juan de Puerto Rico, Poliedro de Caracas y estadio “Luis Aparicio El Grande” de Maracaibo, entre otros escenarios.

Antes de que le llegara la fama y el dinero, Lavoe inició en 1968 una relación sentimental con Carmen Castro, quien quedó embarazada, pero se negó a casarse con él porque lo consideraba un mujeriego. 

El primer hijo de Lavoe, José Alberto Pérez, nació el 30 de octubre de 1968. En el bautizo de su primer hijo, Héctor recibió una llamada telefónica informándole de que Nilda “Puchi” Román, con quien también tenía una relación, estaba embarazada.
 
El segundo hijo de Lavoe, Héctor Jr. nació el 25 de septiembre de 1969 y murió el 7 de mayo de 1987 en un accidente causado por un disparo accidental que le dio un amigo, mientras limpiaba su revólver. 

Esta tragedia  originó que Lavoe recayera fuertemente en el uso excesivo de las drogas. Antes de aquel triste acontecimiento, su apartamento en Queens se incendió a causa de una colilla de cigarro que dejó encendida y, para huir del fuego, tuvo que saltar por la ventana de su habitación. La caída le causó múltiples fracturas así como serios problemas de salud.

En estas circunstancias, Lavoe recibió la noticia del asesinato de su suegra, Gina de Román, persona que Héctor trataba como una madre. Tras aquella tragedia, Héctor no volvió a interpretar la canción “Soñando despierto”, donde Lavoe se burlaba sanamente de ella. Estos acontecimientos hicieron que una crisis nerviosa se apoderase de Héctor.

Y frente a todos estos problemas, unidos al consumo de drogas y su desordenaba vida, que llevaron a Lavoe a llegar tarde a los conciertos y algunas veces, no acudir a sus presentaciones, Willie Colón contactó a Rubén Blades, quien se encontraba trabajando en una composición para sí mismo, pero ante el pedido de Colón, el panameño cedió aquella canción, que estaba más hecha para lo que hasta ese entonces era la vida y trayectoria de Lavoe.

Con el tema “El Cantante” que grabó Lavoe con el respaldo de Willie Colon como productor para su álbum “Comedia” en 1978, la vida de Lavoe cambió por un momento y “El cantante” se convirtió en el tema emblema de Lavoe y fue una de las canciones que cantó hasta sus últimas presentaciones.

Y así como surgió “El Cantante”, otro tema que reflejó la vida de Héctor Lavoe fue el también clásico “El Rey de la Puntualidad”, de la pluma de Johnny Pacheco, donde retrata al cantante acostumbrado a llegar tarde a las presentaciones.

Sin embargo, el consumo de droga causó el Sida que llevó a “El Cantante” a su triste despedida física, el 29 de junio de 1993, a la edad de 46 años, en el Saint Clare’s Hospital de Manhattan, luego de utilizar jeringas infectadas mientras se inyectada heroína.

Y con el recuerdo de los 32 años de su muerte, también recordamos aquella banda de Willie Colón que ofreció un crudo y agresivo sonido de trombones, complementada por el estilo único, por la voz articulada, por el talento para la improvisación y por el sentido de humor del gran Héctor Lavoe.

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El Pepazo

Carlos Gardel, el milagro de su voz

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León Magno Montiel
@leonmagnom


El sábado 18 de mayo de 1935, si las emisoras en Maracaibo hubiesen anunciado que llegaba a la ciudad Charles Romuald Gardés para brindar varios conciertos, los parroquianos de entonces se hubiesen preguntado:
¿Quién es ese cantante?

Noventa años después, vemos las fotos en sepia de esa exitosa gira musical, el recorrido electrizante del francés con alma rioplatense por las calles de la capital petrolera, quien desechó su nombre galo, el que aparece en su partida de nacimiento, y se hizo llamar Carlos Gardel.

Ese cantor era un genuino tolosano, nacido el 11 de diciembre de 1890 en un hospicio para madres solteras.
 Se convirtió en el mayor mito del canto criollo, hijo de un comerciante que terminó como asaltante, experto ladrón de caja fuertes, por ello pagó varios años de cárcel, de nombre Paul Jean Lassere, un hombre casado y con hijos. 
Tuvo un affaire con  Berta Gardés, una humilde francesa, y esta quedó en estado de Carlos. Debido a ese desliz fue expulsada de su casa por deshonrar a la familia, y zarpó con su bebé hacia Argentina.

 Viajaron en tercera clase, casi sin vituallas, con poca agua, llegaron al puerto de Buenos Aires cuando su hijo tenía dos años de edad. Berta trabajó en un taller de planchado; mientras realizaba la dura faena, el niño jugaba en las calles del barrio Abasto, allí conoció las milongas, valses, el tango, el baile porteño acompasado.

A pesar de que su madre Berta realizaba un oficio menor, y  que nunca tuvo a un caballero a su lado apoyándola, educó a su hijo en buenos institutos: el Colegio Salesiano, le pagó clases particulares de canto y piano, lo que ayudó a desarrollar el inconmensurable talento innato de Charles Rumuald.
 Él poseía un porte elegante, distinguido, 
su voz tenía múltiples matices, con tesitura de barítono atenorado. 
De natural simpatía, reflejada en su permanente sonrisa y jovialidad.

Sus inicios en la música fueron en la calle, imitando a los payadores, estos fueron su espejo y guía.

 Comenzó a cantar en dueto con José Razzano, un vecino del arrabal, talentoso guitarrista. Carlos Gardel también ejecutaba con solvencia la guitarra, tenía un oído armónico, una afinación a toda prueba. Los primeros que lo oyeron cantar describen su talento con adjetivos de este tenor: 
de garbo varonil, con una voz profunda al hablar y al cantar, de simpatía desbordante, de estilo porteño, seductor, apasionado del hipismo y el boxeo. 

Era gentil con las damas, malquistaba a los envidiosos, un francés aporteñado con facilidad para enamorar a las féminas, músico impecable, hombre de gestualidad teatral.

La Maracaibo que Gardel pisó el 18 de mayo de 1935, comenzaba a disfrutar de la radio, había visto nacer el cine unas pocas décadas antes, tenía una notoria influencia francesa y estaba atrapada por los encantos del tango: 
esa era la música que identificaba a todo el continente. 

El cantor llegó a bordo del vapor Libertador, lo recibieron las sirenas de todos los barcos anclados, con pirotecnia desde las dársenas y cañonazos de salva en los cerros. Desembarcó en los atracaderos de La Ciega, cerca de la primera sede de la Universidad del Zulia, venía acompañado del compositor Alfredo Le Pera y de los guitarristas Guillermo Barbieri y Santiago Riverol.
 El 19 de mayo actuó en el Teatro Metro, luego recorrió la ciudad y se hospedó en el Hotel Granada. 

El 20 de mayo cantó en Cabimas, una actuación con muchos inconvenientes. 
El día 22 tuvo una doble función en el Teatro Baralt, que para ese momento celebraba sus 52 años de fundado, 
era el principal templo de la cultura en la ciudad, remodelado por el belga León Höet. 

La ciudad se rindió a los pies del bardo, quien a duras penas pudo pernoctar en el Hotel Granada en la carretera Unión, desde donde tenía una imponente vista al lago, pues permaneció rodeado de sus efusivos admiradores.

Exactamente 32 días después de salir del puerto marabino rumbo a Curazao, Gardel murió calcinado en el aeropuerto de Medellín, víctima de la imprudencia del piloto colombiano Ernesto Samper Mendoza. 
Su cuerpo, junto al de 18 personas más, se hizo cenizas en minutos, pues su muerte la produjo el incendio pavoroso desatado por el choque de dos aeronaves. 
Fue sepultado en el cementerio de San Pedro luego de ser llevado en hombros por miles de seguidores antioqueños. Desde entonces, esa capital andina es una catedral del tango.

El piloto colombiano Samper pasó a la historia como el culpable de la muerte del «cantor del Abasto», puesto que él trataba de impresionar a su rival, el piloto alemán Flint, quien esperaba en la pista orden de despegue. Samper le pasó en vuelo rasante, y  esto produjo la colisión fatal. En solo minutos, Gardel quedó reducido a despojos, junto a su gran aliado musical, el periodista, poeta y letrista Alfredo Le Pera, nativo de Sao Paulo, autor de la letra de sus tangos más emblemáticos:

“Sus ojos se cerraron…
y el mundo sigue andando,
su boca que era mía
ya no me besa más,
se apagaron los ecos
de su reír sonoro
y es cruel este silencio
que me hace tanto mal”.
(Sus ojos se cerraron, 1935).

Alfredo Le Pera hacía las letras y Carlos Gardel las melodías de los tangos más universales, como “Volver”:

“Yo adivino el parpadeo
de las luces que, a lo lejos
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor”.
(Volver, 1935).

Sus restos fueron identificados por los forenses gracias a sus dentaduras, el cadáver marcado con el número 11 era el de Gardel, 
fue sepultado luego de unas exequias multitudinarias, llenas de asombro y dolor. 
Seis meses después, 
fue exhumado y llevado por el centro-sur de Colombia, en tramos a mula, otros en tranvía, hasta el puerto de Buenaventura. Finalmente, lo llevaron en barco hasta Nueva York, ciudad donde estuvo su ataúd por ocho días. Desde allí zarpó la comitiva rumbo a Buenos Aires, y fue sepultado 51 días después con honores de héroe en el cementerio La Chacarita, donde aún están sus restos en una permanente fiesta turística.

El cantor tolosano solo vivió 44 años, al momento de su mortal accidente era un mito viviente en toda América y parte de Europa. El impacto de la noticia la recibió su madre Berta Gardés en Toulouse, donde iba a encontrarse con su hijo al finalizar esa gira musical. 
Un misterio inquietante surgió al comprobar que Berta recibió y despidió a su único hijo en Toulouse. 
Ella vivió ocho años más después de la tragedia en Medellín, siempre vistió de riguroso luto, hacía monólogos con su único hijo anunciándole que al despertar le llevaría su matecito.

La impronta que Gardel dejó en el alma de la ciudad de Maracaibo, se siente en el dejo porteño de nuestros cantores al interpretar sus temas: Luis Oquendo Delgado, Rafael Rincón González, Tino Rodríguez, Moisés Medina, tienen la acentuación rioplatense al cantar. 

En la radio del Zulia el tango dominó la escena hasta la década de los 50, cuando tomó el testigo la música cubana. 
Recuerdo a mi padre Luis Nemesio escuchando Radio Perijá 540AM, 
el programa de Alí Rachid de tangos, que tenía una maratónica duración de tres horas. De allí que las generaciones del 28 al 50 tengan acentuada predilección por el tango y lo sepan interpretar.

Por la dimensión mundial de su leyenda, Gardel fue durante mucho tiempo disputado como ciudadano por tres naciones: Uruguay, Argentina y Francia. 
Los orientales alegaban que había nacido en Tacuarembó en 1887, aparecieron documentos fraudulentos, los que Gardel aceptó por su temor a ser deportado como desertor del ejército francés, luego de ser llamado al frente en la Primera Guerra Mundial. 

Los argentinos quisieron patentar ese icono del canto mundial, pero todos los intentos fueron infructuosos. Desde 1980 quedó aclarado, con suficientes documentos probatorios, que Carlos Gardel nació en Toulouse. 
Francia se ha empeñado en hacer valer su legado a la música mundial.

El escritor paraguayo Augusto Roa Bastos dio clases varios años en esa ciudad, la describe como el gran laboratorio de la aeronáutica europea. En una de sus crónicas asegura haber conocido la casa donde vivió la familia de Berta Gardés y pasó sus primeros meses de vida Carlos, afirmó: 

“Allí aún está la placa con el apellido Gardés”.

Desde 2011, en Toulouse, la urbe multicultural a orillas del río Gorona, se realiza el festival “Tango Postale” en el verano. 
Es un encuentro de música, baile y exposiciones temáticas que reivindica el puente que los tolosanos han establecido con Buenos Aires, como un  homenaje a Gardel.

Siempre ha despertado curiosidad, y en algunas ocasiones morbo, el saber cómo era la relación con sus amantes, del cantante más deseado por las féminas. Han tratado de conocer cómo fue la relación íntima de Gardel con las mujeres. 
En Bogotá, seis días antes de morir, Gardel declaró al Diario Nacional:

“He amado muchas veces en mi vida y conservo de ello gratísimos recuerdos, como que en casi todos mis amores he sido feliz. He querido de diferentes maneras, según el temperamento de la chica, las circunstancias y el ambiente.”

Sobre sus gustos afirmó:

“Prefiero las latinas, indudablemente, por comprender mejor mi temperamento, pero todas las mujeres atractivas e inteligentes me agradan. 
No obstante, las mujeres sajonas que tienen fama de frías y calculadoras, cuando encuentran un hombre que las enamora y comprende, son tan sensibles y apasionadas como las latinas, y por lo tanto, también me seducen”.

Sus biógrafos más severos, afirman que no le gustaban las amantes de camerino, no era partidario de hacerles un “rapidito” al estilo Jimmy Hendrix en un baño público. Ni de tener encuentros sexuales furtivos como Pedro Infante. Ni coitos en un ascensor a la  manera desaforada de Marvin Gaye. Él mantuvo relaciones más bien estables, de largo aliento; la más conocida la mantuvo con Isabel del Valle, a quien conoció en el barrio Constitución cuando ella solo tenía 14 años, tenía un cuerpo voluptuoso, era alta: fueron amantes por 10 años. 
Otra amante comprobada fue la francesa Madame Jeanne Ritana, mujer madura que regentaba una pensión, reconocida hetaira con la que se involucró en 1913. Carolina Angelini fue su novia en la adolescencia. Elena Fernández una montevideana sensual que lo acompañó en algunas giras. 
Andrea Morand con quien viajó a París y la actriz española Perlita Grecco. El Morocho del Abasto no era partidario del casamiento, 
era discreto con sus romances, un edípico consumado y orgulloso, el hijo absorto en la atención a su madre solitaria y perseverante.

Algunos dudaron de su virilidad, pero las mujeres lo avalaron como amante, y él a ellas, aunque a ninguna la hizo esposa.

La periodista argentina María Moreno se pregunta: ¿Cuánto le debe Gardel al gramófono, o a la radio, no en el sentido de mejorar sus dones sino de hacerlo brillar en ausencia? 

Yo debo reconocer que todos nuestros cantores venezolanos, nacidos entre las décadas 20 y 30, tienen el giro porteño, la cadencia tanguera de Gardel: el eterno presente desde la boca de la vitrola, como lo describió Julio Cortázar. “El francesito” lo llamaron las meretrices uruguayas, tiene esa condición de santo terrenal que tenía Eva Perón, es un inmortal incómodo como Jorge Luis Borges; y al igual que el escritor, era hijo único y no tuvo descendencia; ambos fueron edipos solitarios. Quizá por esa similitud el maestro Borges lo odió con crueldad. 

Tomás Eloy Martínez relató:  “En una conferencia en la Universidad de Austin, mientras Borges hablaba sobre el tango, como música de prostíbulos y despotricaba de Gardel, mientras lloraba, sus ojos de ciego, de cuencas vacías,  se llenaron de lágrimas”.

Gardel, el más argentino de los cantantes y a la vez el más parvenu (advenedizo). 
El poeta Hugo Figueroa Brett asegura que Carlitos nació en su calle del barrio El Saladillo. Algunos medellinenses delirantes confiesan que murió de viejo en las calles de la Ciudad de las Flores, luego de salvar milagrosamente su vida el 24 de junio de 1935.  
Dicen que vivió con una máscara para tapar su chamuscado rostro, para ocultar las terribles cicatrices del fuego.

Gardel, 52 años después de sepultado, hizo bailar tango a Al Pacino en el filme “Esencia de mujer” de 1992; en el gran salón el coronel invidente Slade, baila “Por una cabeza”, compuesto en 1935 por la dupla Le Pera-Gardel, una escena memorable:

“Por una cabeza
de un noble potrillo
que justo en la raya
afloja al llegar,
y que al regresar
parece decir:
No olvidés, hermano,
vos sabés, no hay que jugar”.

Gardel es el bronce que sonríe, la voz acusmática que cada día resuena mejor, el niño tramoyista del teatro La Victoria que escuchaba abstraído las óperas y zarzuelas. 
Es un apátrida que se apoderó de toda América y Europa, que enseñó a Hollywood a cantar en español. 

Él tiene planes de seguir presente en nuestras casas, quiere continuar sorprendiéndonos con su registro baritonal desde los dispositivos digitales de audio, desde las emisoras clásicas, desde las radios con estilo vintage y desde el cine inmortal. 
Ya lo había advertido Juan Gelman: 

“Cada vez que Gardel cante, caerán calles de fuego de su barrio irrompible”. 
Y eso, ya ha pasado.

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El Pepazo

Pibo Márquez sigue internacionalizando a Caracas con sus tambores

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Luis Carlucho Martín 
 
Haber nacido en Caracas suma un determinante en la vida. La dinámica de su gente que vive en la más linda fortaleza natural, como es su hermoso valle, genera la seguridad necesaria para emprender un camino de deseos y sueños para volverlos realidad.

Quien así se expresa es el maestro percusionista Joel Pibo Márquez, quien asegura que lleva a Caracas en cada repique de sus tambores.

Músico de pasión y profesión, Pibo se forjó en medio de una familia de músicos de afición. Sus estudios académicos y musicales enseriaron los redobles y hoy compone, suena y hace bailar internacionalizando a Caracas con particular éxito en los cinco continentes. Y dió otro paso en su trayectoria, ahora también canta. 

“Por mi música, por mi porte afrolatino y mis instrumentos, muy poca gente me relaciona con Caracas, sobre todo por aquel clisé de las reinas de belleza y novelas rosas donde, en efecto, aparecen muy pocos negros”, expone mientras deja saber que está orgulloso de su negritud, de sus raíces, de ser de Los Flores de Catia, “zona rumbera y de impulso popular donde aprendes a valerte, a compartir, a generar,  a soñar y sobre todo a cumplir tus sueños”, explicó.

Con la remembranza de haber dado sus primeros pasos musicales en el grupo Jhayro (Jóvenes haciendo arte y rompiendo obstáculos), asegura que Caracas le dio temple para adaptarse y sonar muy bien tanto en Nueva York como en Bogotá, Milán, Sao Paulo, Buenos Aires, París, Roma, Bucarest o Mali, donde ha dejado la huella caraqueña porque desde su cosmovisión aprendió a asumir las más interesantes empresas musicales y culturales que se le puedan ocurrir.

“Caracas siempre forma parte de mi creación”, asevera, y a pesar de que la dinámica lo lleva a desdoblarse artísticamente en los idiomas que domina además del español –francés, italiano, inglés y algo de yoruba como lo demanda su rango en la santería– y en los ritmos que asume (salsa, jazz latino, gaita y música espiritual, entre otros), “la caraqueñidad indisolublemente aflora conceptualmente y retumba en los cueros y en la música que hago”.

Amparado en su amplio background internacional, Caracas se le antoja cosmopolita. “La sultana del Ávila es el seno de grandes sueños que sus habitantes vuelven realidad. Caminar por el centro de Caracas es tan demandante como estar en Central Park”, expone tajantemente y sin poses.

Con respecto a la realidad de la diáspora, afirma que “los caraqueños tenemos una afinidad universal y aunque mi ascendencia es barloventeña se mezcla con la suerte de haber nacido en Caracas”, expone este maestro, trotamundo musical, made in Catia, que ha asumido largas temporadas y residencias tanto en Europa como en Colombia o Estados Unidos, y que emula al poeta Serrat al evocar: “Pisaré las calles nuevamente de mi hermosa ciudad para seguir soñando mi música, y ver la sonrisa de mi gente y su empuje”.

PD 2025: Felicidades maestro en tus primeros 58. Serán muchos más, así como el crecimiento de tu creatividad y prolija producción musical, que ahora da un vuelco al pasado, procurando máxima calidad en sonido, con el vinil como nueva meta.
Asumiste riesgos y te fuiste del país persiguiendo sueños y metas. Superando la incertidumbre de los desafíos. Grupos referentes de Colombia se beneficiaron en simbiótica relación de tu calidad. ¿Pudo alguien imaginar tu proyección cuando tus jóvenes congas acompañaron a Galy Galeano? ¿O lo que humildemente aportaste a Guayacán?
Tus fronteras cada día se expanden más y donde has llegado dejas sello caraqueño con el repique de tus cueros…
Eres pieza fija, por Colombia, en el Festival latino de Chicago. Suenas por igual en Nueva York como en Boston. En Orlando como en Miami como en México. Con atinada versatilidad de la tambora gaitera pasaste a las tumbadoras y al timbal y a los batá y al culoepuya o al quitiplás y cada ejecucion supera a la otra…
Aunque Latinoamérica es tu hábitat plantaste bandera en el mundo. África y Europa te reconocen. ¿Algo más por ahí? No al descanso, por favor, a menos que sea para pensar y seguir creando.
Descarga Criolla y La Colombiana Orquesta son ejemplos de acertada dirección y de mucha rumba como testigo. Son tantas cosas por agregar. Mejor sigue tocando y triunfando con tu indoblegable carácter, ese que, con firme humildad y con la verdad como carnet, ha puesto de rodillas a arrogantes y atropelladores productores de renombre. 
Te celebramos y bailamos, hermano.

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El Pepazo

Una parrilla contaminada en Colombia provocó la muerte del gran Julio Miranda

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Dimas J. Medina

Neuquén

Próximo a cumplir sus 40 años, un día como hoy miércoles 11 de junio de 1993, dejó de existir en el hospital central de Maracay, el cantautor carupanero Julián Antonio Indriago Díaz.

Conocido en el mundo de la música venezolana como Julio Miranda, tras ser bautizado por su padrino artístico José Romero Bello, quien basándose en el nombre de su padre y una población de Paracoto: “Miranda” en el estado Miranda, se hizo músico y cantante desde muy niño influenciado por Jesús Moreno, “El Carrao de Palmarito” Juan de los Santos Contreras, Francisco Montoya y el sonido del arpa.

Conocido también como “El Oriental de nacimiento y llanero de Corazón”, Julio Miranda nacido el 7 de julio de 1953, llevó su música a México, Estados Unidos, Puerto Rico y a Colombia, donde una parrilla de carne de cochino contaminada que consumió en ese país, le transmitió una bacteria que le produjo una larga enfermedad en el estómago y, por consiguiente su lamentable deceso.

El conocido locutor barinés y difusor de nuestro folklore nacional, Héctor “Negro Piña”, recordó este miércoles que antes de morir, su amigo Julio Miranda había perdido más de 20 de kilos y su funeral fue toda una masiva manifestación de duelo en la Funeraria “Cristo Rey” de la capital aragüeña, donde se congregaron miles de seguidores y artistas de toda Venezuela, quienes le llevaron música criolla y romántica como serenata póstuma a quien en vida dedicó sus esfuerzos a difundir nuestra música dentro y fuera del país.

También recordó Piña que al sepelio de Julio Miranda acudieron los grandes referentes de nuestro canto nacional, como Reyna Lucero, Teo Galíndez y Reyando Armas y, durante su largo cortejo, que arrancó desde la calle Páez de Maracay, hasta el cementerio Metropolitano de la Ciudad Jardín, la concurrida muchedumbre dejó escuchar “Lamento Guaquerí”.

De manera pues, que 32 años de su triste partida, aquel carupanero que antes de ser cantante, fue además pescador, limpiabotas, motorizado, chofer, técnico en refrigeración y mecánico, sigue vivo en la mente y en el corazón de todo el pueblo venezolano.

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El Pepazo

Rómulo Pacheco, el más longevo de los locutores activos en Barinas

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Tras arribar a sus 85 años,

Dimas J. Medina

Neuquén

El veterano y todavía activo locutor trujillano Rómulo Pacheco, fue testigo de la expansión sonora que a partir de la década de los 60, comenzó a experimentar la decana de la radio en Barinas.

Ocurrió, según el propio Pacheco, a finales de 1960, cuando llegó a Barinas procedente del estado Táchira, donde se hizo locutor desde muy temprana edad.

Con el certificado número 3.377, del extinto Ministerio de Comunicaciones, Pacheco se incorporó de inmediato a la única emisora que existía para entonces en la región.

Nacido en Valera el 10 de junio de 1940, Pacheco recordó que cuando llegó a Barinas, la emisora del contraalmirante Ricardo Sosa Ríos y del señor Ángel María «El Tigre» Pérez, operaba con un transmisor «Tenco» de apenas un cuarto de kilovatio, lo que permitía que para aquel entonces, que Radio Barinas se escuchara únicamente en la ciudad capital.

Tras la adquisición de un transmisor de cinco kilovatios, Radio Barinas no sólo adquirió más potencia, sino que su señal comenzó a escucharse en Barrancas, Barinitas, Sabaneta y Pedraza.

Para aquellos días, la emisora funcionaba en el mismo lugar donde funcionó hasta su cierre, la emisora «Sensacional 94.7 FM», al final de la avenida Sucre.

Pacheco recuerda en que la sede de Radio Barinas habían dos estudios, uno para el operador y locutor y, otro, que a veces utilizaban para la emisión de espectáculos en vivo.

Y precisamente, Rómulo Pacheco inauguró para aquellos días, un programa llamado «Hora Estelar», a donde acudían a la emisora, conjuntos de música llanera y cantantes de otros géneros.

Por eso, sigue recordando aquellos nostálgicos días de los inicios de Radio Barinas, donde a través de su programa «La Hora Estelar», presentó entre otros artísticas, a Juan de Los Santos Contreras «El Carrao de Palmarito» y a la recordada orquesta «Orlando y su combo».

Para los inicios de la década de los 60, se desempeñaba como operador de Radio Barinas, un muchacho colombiano, que con el paso del tiempo, se convirtió igual como gran parte de los operadores en la región, en una referencia de los primeros años de la radiodifusión barinesa.

Rómulo Pacheco hizo referencia al gran Luis Eduardo Camejo, bautizado después como «El Mono», porque gracias a su talento y habilidad como técnico de sonido, «brincaba en los estudios como un mono alegre entre micrófonos, controles y discos».

Pacheco igualmente recordó que para la época cuando llegó a Barinas, la emisora no se escuchaba los domingos  y, por sugerencia de su amiga Albert Scott y él, convencieron a «El Tigre» Pérez para que pusiera al aire a Radio Barinas durante aquellos festivos días de la semana.

Albertina Vallecillos comenzaba en la mañana con un programa de casi cuatro horas dedicado a los niños y Pacheco remataba aquella programación dominical, con un programa hípico, que emitía entre las tres y seis de la tarde, con el nombre de «El 5 y 6 musical».

Hoy martes 10 de junio, cuando arriba a sus 85 años de fructífera existencia, Rómulo Pacheco sigue activo en la radiodifusión barinesa con su pasión por el hipismo venezolano, aunque solamente lo escuchábamos los sábados en horas de la mañana, con un programa musical dedicado a las dos grandes orquestas venezolanas (La Billos y Los Melódicos) por la estación Buena Vibra 96. 7 FM.

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El Pepazo

Reinaldo Armas y barinés Carlos Terán animarán Día del Padre en Torrejón España

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Dimas J. Medina

Neuquén

Un concierto íntimo ofrecerá el proximo domingo 15 de este, Día del Padre, en la española localidad de Torrejón Ardoz, el reconocido cantante de música venezolana Reinaldo Armas.

El evento se llevará a cabo en una de las conocidas salas de eventos, muy concurrida por la comunidad latina en este país europeo, donde igualmente actuará el también conocido cantautor barines Carlos Terán.

Tanto «El Cardenal Sabanero» como el cantante barines han comenzado a generar expectativas por el referido concierto, tomando en cuenta que el oriundo de Barinas ha ofrecido en varias oportunidades su repertorio al público español.

Radicado en España desde hace varios años, Carlos Terán continúa proyectando su Folkriolla Escuela de Canto y Música, que en poco tiempo ha guiado más de una escena de alumnos, entre ellos, niños, jóvenes y adultos, inclusive cantantes profesionales, que hacen vida en este país europeo.

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El Pepazo

Thailandia es la nueva Miss Mundo

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Hebert Colina M.

La señorita Opal Suchata Chuangsri, de Thailandia, heredó la corona azul de Krystyna Pyszková como la nueva Miss Mundo 22025 cuya edición 72 del concurso internacional, se celebró este sábado desde el HITEX Exhibition Centre en Hyderabad en India.

Opal Suchata, Miss World Asia y Oceanía,. se llevó los honores de un manojo de 108 bellezas que participaron en el evento.

El cuarto lugar fue para Miss Mundo América y el Caribe, Aurélie; el tercer lugar para Miss Mundo Europa, Maja Klajda y el segundo lugar para Miss Mundo África, Hasset Derej.

Suchata es la primera tailandesa en ostentar el título de belleza universal. Nacida el 20 de septiembre de 2003, la nueva soberana, es hija de Thanet Donkamnerd y Supatra Chuangsri.

Su familia tiene un negocio privado en Thalang, Phuket. Cursó sus estudios de primaria y secundaria en la escuela Kajonkietsuksa, y los de secundaria superior en la escuela Triam Udom Suksa, donde se especializó en chino en el programa de Artes.

Fue coronada Miss Universo Tailandia 2024 y representó a Tailandia en el certamen  Miss Universe 2024  donde quedó tercera finalista.

La venezolana Valeria Cannavó no clasificó en el top 40 del Miss World 2025.

Buscó la octava corrona en representación de Venezuela, pero la suerte no la acompañó. 

Por las América y el Caribe, los países que clasificaron fueron Puerto Rico, Martinica, Trinidad y Tobago, Estados Unidos, Argentina, República Dominicana, Brasil, Haití, Jamaica y Panamá.

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El Pepazo/Con información de El Nuevo Día

«Así se le canta al Llano» regresa reforzado

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Dimas J. Medina

Neuquén

Tras el receso de casi dos meses, este lunes dos de junio regresa el espacio radial «Así se le canta al Llano», que durante 9 años mantiene en la radiodifusión barinesa, el conocido cantautor y folclorista Pedro Landaeta.

Conocido también como «El Padrote de las mañanas», el popular y folklórico espacio radial retornará en su horario estelar de 10 de la mañana a 12 del mediodía a través de la estación «Zamorana 98.5 FM» de la capital Llanera.

Con su formato de defensor y difusor de los  valores folklóricos de nuestro país, el programa conducido por Landaeta vendrá reforzado con un robusto equipo de periodistas, liderados por el corresponsal del diario El Universal, Walter Obregón con su «Panorama Informativo».

«Así se le canta al Llano» también contará con el doctor Luis Edgardo Aguilar en la difusión de las informaciones deportivas y con los reporteros Edecio García Sosa, Noel Briceño y Pedro Rangel con sus noticias desde la calle a la hora de producirse.

Landaeta explicó que su programa de radio estuvo en receso tras la enfermedad de su querida progenitora, que al final fue vencida por el cáncer, por lo que el regreso a la radiodifusión barinesa estará conjugado por los avances tecnológicos, ya que también podrá escucharse a través de Instagram y de otras plataformas que nos facilitan las modernas redes sociales como Tik Tok.

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El Pepazo

Un salsero venezolano hizo más famosos a Willie Colón y Héctor Lavoe

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Dimas J. Medina

Neuquén

Un joven salsero oriundo del oriente venezolano que quiso triunfar en Nueva York, fue vulgarmente plagiado y hoy, lamentablemente es desconocido por la industria de la música latina.

Y lo triste de este lamentable caso, es que el plagio se registró después de su muerte.

Nos referimos a Pedro María Torcat, conocido popularmente como «Perucho», quien falleció en Boston el 26 de mayo de 1972, a los 26 años de edad, cuando la salsa como movimiento cultural, comenzaba a despegar desde Nueva York hacia el mundo de la música popular.

Y precisamente los pioneros de este género musical, se apropiaron de la letra de dos grandes clásicos de la salsa, escrito y grabado por este joven salsero venezolano.

Nos referimos a los temas «Todopoderoso» y «Voy a reír un poco», ambos inmortalizados por la célebre mancuerna de este sabroso género musical durante la década de los 70: Héctor Lavoe y Willie Colón.

Ambos temas fueron grabados primero por este cantante nacido en Carúpano el 5 de septiembre de 1946.

Entusiasmado por su amigo y arreglista Ray Pérez, “Perucho” Torcat lamentablemente no vivió el éxito que esperaba en Nueva York, a donde se trasladó por sugerencia de uno de los grandes de la salsa para la época, Justo Betancourt.

Antes de marcharse de Venezuela, Torcat trabajó con su mentor Ray Pérez en una agrupación musical llamada «Los Dementes».

Cuando crearon la mencionada agrupación, a Ray Pérez le incomodaba que su maestro musical le recriminara el nombre de «Los Dementes» para el conjunto, ya que consideraba que los músicos y los cantantes no debían ser tratados como locos.

Sin embargo, con el respaldo de las célebres orquesta neoyorkinas de Ray Barreto y Eddie Palmieri, Perucho Torcat grabó en 1969 un LP en el que contenía un tema que seis años después, se haría famoso pero con la orquesta de Willie Colón: «Esta risa no es de loco», incluido en el álbum «De ti depende» producido en 1976.

Luego grabó en 1971 «Todopoderoso», también producida por Willie Colón y Héctor Lavoe para el álbum que sacaron en 1975 con el nombre de «La Voz», igualmente con el respaldo del poderoso sello disquero Fania All Star.

Después de actuar en Boston, Justo Betancourt le dice a Torcat que se quedara en su casa, pero como éste le daba pena con la esposa de Betancourt, prefirió dormir en el interior de su carro.

Debido al frío que para la época se sentía en Boston, Torcat cerró las ventanas y prendió el motor. Cuando abrieron el carro en la mañana, lo encontraron muerto por inhalación de monóxido de carbono 

Por eso, es que después de su muerte, varias de sus canciones fueron grabadas por el sello Fania y, debido al éxito de dichas canciones, el autor no recibió ningún beneficio por las regalías.
 
Aunque algunos señalaron después que por omisión de la propia Fania, no fueron incluidos en los trabajos discográficos, los créditos de los autores de «Todopoderoso» y «Vamos a reír un poco» (Esta risa no es de loco), otros consideraron que esa fue precisamente la excusa perfecta para evitar erogaciones por concepto de derechos de autor.

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